EL PENSAMIENTO DE DIOS

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.”

Isaías 55:8 (RVR1960)

Introducción

Solo hay una manera correcta de hacer las cosas, y es a la manera de Dios.

Lo que nosotros tenemos en mente no siempre es lo que Dios tiene en mente. Sus pensamientos, sus propósitos y sus caminos no están sujetos a nuestra voluntad, sino que somos nosotros quienes debemos aprender a vivir conforme a la suya.

Desde el principio, Dios dijo una cosa y el hombre hizo otra. Esta realidad sigue presente en nuestros días, cuando el ser humano pretende acomodar la voluntad divina a sus propios deseos.

El mundo cree que puede condicionar a Dios

El mundo ha llegado a creer que puede condicionar a Dios; que puede acomodar, acoplar o restringir sus principios a un estilo de vida que Él no aprueba.

En lugar de transformar nuestra manera de vivir conforme a su Palabra, muchas veces se pretende modificar la interpretación de su Palabra para justificar nuestra manera de vivir.

Pero Dios no cambia sus principios para adaptarse a los intereses del hombre. Somos nosotros quienes debemos someternos a su voluntad.

«Te seguiré adondequiera que vayas»

Lucas 9:57-62

En este pasaje encontramos a personas que expresaron su deseo de seguir a Jesús. Uno de ellos declaró: «Señor, te seguiré adondequiera que vayas».

Sin embargo, a medida que avanza el relato, encontramos distintas respuestas que revelan una realidad del corazón humano: queremos seguir al Señor, pero muchas veces bajo nuestras propias condiciones.

Uno dijo que primero debía atender sus responsabilidades familiares. Otro expresó su disposición a seguirle, pero antes quería despedirse de los suyos.

El problema no era solamente lo que deseaban hacer, sino las condiciones que colocaban delante del llamado de Jesús.

¿Cuántas veces decimos que estamos dispuestos a seguir al Señor, pero añadimos un «primero déjame» o un «te seguiré, pero»?

Seguir a Cristo no consiste en establecer nuestras condiciones, sino en aceptar las suyas.

«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos»

Juan 15:5

Jesús utilizó una ilustración sencilla, pero profunda: Él es la vid y nosotros somos los pámpanos, es decir, las ramas.

La vid es la fuente de vida y sustento de los pámpanos. Una rama no puede producir fruto por sí misma si permanece separada de aquello que le da vida.

De la misma manera, Jesús declaró que separados de Él nada podemos hacer.

El árbol no se condiciona a las ramas, sino que las ramas dependen del árbol.

No es Cristo quien debe adaptarse a nosotros. Somos nosotros quienes debemos permanecer en Él para recibir vida y llevar fruto.

Esta misma verdad se refleja en las palabras del apóstol Pedro:

“Sed santos, porque yo soy santo.”

1 Pedro 1:16 (RVR1960)

Dios no nos llama a una santidad definida por nuestras preferencias, sino a una vida conforme a su propia naturaleza.

Una vida cristiana condicionada y personalizada

La vida cristiana de los últimos tiempos corre el peligro de convertirse en una fe condicionada y personalizada, donde cada persona pretende decidir qué principios aceptar y cuáles rechazar.

Para muchos, la Biblia ha dejado de ser la autoridad que dirige sus vidas y se ha convertido simplemente en un manual antiguo, con ideas divinas que consideran necesario modificar o modernizar.

Incluso dentro de la iglesia existe el peligro de olvidar el verdadero propósito del ministerio. Cuando los pastores dejan de cuidar el rebaño del Señor y comienzan a comportarse como si fueran sus dueños, se pierde de vista a quién pertenece verdaderamente la iglesia.

La salvación y la entrada al reino de Dios fueron posibles por el sacrificio de Jesucristo en la cruz del Calvario. No son el resultado de nuestros méritos ni de nuestros intereses personales.

Por eso, la vida cristiana no debe girar alrededor de lo que nosotros queremos obtener de Dios, sino alrededor de lo que Él demanda de nosotros.

No se trata de nuestros intereses, sino de los suyos.

Los patriarcas, los profetas y los apóstoles ante la voluntad de Dios

A lo largo de las Escrituras encontramos hombres que tuvieron que aprender a reconocer la autoridad, la dirección y los propósitos de Dios por encima de sus propias limitaciones y deseos.

Jacob: reconocer la dependencia de Dios

“E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.”

Génesis 28:20-22 (RVR1960)

Jacob expresó un voto delante de Dios en un momento de incertidumbre sobre su futuro. Sus palabras reflejan su preocupación por recibir protección, alimento y vestido durante su camino.

Su historia nos recuerda que el ser humano puede acercarse a Dios con necesidades, temores y expectativas, pero también debe aprender que su vida depende de la fidelidad y los propósitos del Señor.

Jeremías: el llamado por encima de nuestras limitaciones

“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.”

Jeremías 1:5-7 (RVR1960)

Jeremías consideraba que su juventud y su falta de experiencia eran obstáculos para cumplir el llamado de Dios.

Sin embargo, Dios no modificó su propósito para ajustarlo a las inseguridades del profeta. Le recordó que había sido escogido desde antes de su nacimiento y que debía ir adonde Él lo enviara y hablar todo lo que Él le mandara.

El llamado de Dios no estaba sujeto a la capacidad que Jeremías creía tener, sino a la voluntad de aquel que lo había llamado.

Pablo: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?»

“Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.”

Hechos 9:6 (RVR1960)

Pablo tenía sus propias convicciones, sus planes y su manera de entender el servicio a Dios. Sin embargo, su encuentro con Jesucristo transformó completamente la dirección de su vida.

Su pregunta revela una disposición fundamental: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?».

Ya no se trataba de continuar conforme a sus propios pensamientos, sino de reconocer la autoridad del Señor y obedecer su dirección.

La voluntad de Dios debía ocupar el lugar que antes ocupaban sus propias decisiones.

Conclusión

Los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos, ni sus caminos nuestros caminos.

Esta verdad nos recuerda que no podemos pretender que Dios apruebe todo aquello que deseamos, ni que su Palabra se acomode a las condiciones que nosotros establecemos.

Seguir a Cristo significa reconocer que Él es la fuente de nuestra vida, que sus principios permanecen y que su voluntad debe estar por encima de nuestros intereses.

Jacob tuvo que aprender a depender de Dios. Jeremías tuvo que reconocer que sus limitaciones no podían detener el propósito divino. Pablo tuvo que abandonar su propia dirección para obedecer la voz del Señor.

La pregunta que debemos hacernos no es cómo podemos acomodar a Dios a nuestra manera de vivir, sino cómo podemos transformar nuestra vida para caminar conforme a sus pensamientos.

Porque no es Dios quien debe pensar como nosotros, sino nosotros quienes debemos aprender a pensar conforme a su voluntad.

Pastor Adonay Marín

Pastor Adonay Marín es el fundador y líder espiritual de Iglesia Filadelfia en Houston, Texas. Con más de 30 años de ministerio, su pasión es predicar un evangelio vivo, formar discípulos, y servir con humildad y verdad.

https://www.somosfiladelfia.org/pastor-adonay-marin
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